Buenos Días Tardes/Noches, Estimados lectores. Ya en el segundo mes del año tenemos el placer de continuar con nuestros emocionantes relatos, de la mano de nuestros talentosos escritores. Las aventuras del Duque de Labarca continúan y el misterio sobre la desaparición de su nave, el Reina Alicia, empieza a tomar caminos insospechados. Iniciando la temporada de relatos tenemos el honor de presentar a un nuevo personaje, mismo que formara parte muy importante en la vida del Duque Pirata de una forma completamente inesperada... Esperamos disfruten del relato.
El Duque Pirata (Parte VI)
Caterina de Tunisia
El pequeño globo avanzaba
fugaz a través del cielo estrellado. Desde la altura y a pesar de la distancia,
aun podíamos divisar la densa columna de humo que se elevaba desde lo que
alguna vez fue aquella acogedora villa que nos albergó durante los últimos dos
días. Una profunda nostalgia e incertidumbre se asomaba por los expresivos ojos
de Madame Ivanna, en cuyas pupilas aun podía verse el fulgor rojo naranja de
las llamas. Yo comprendía a la perfección como se sentía, ya que desde que
desperté en aquel camarote era un estado emocional que solía embargarme de
manera ocasional, solo cortado por la ira y la indignación que me causaba mi
situación actual de noble fugitivo.
Karma; solía ser una
palabra que rondaba mi mente dada la naturaleza poco honorable de la forma en
que durante los últimos meses habíamos estado cazando y aniquilando a los
piratas. Al igual que ellos, habíamos usado el engaño y la desigualdad táctica
para atacar y despacharles. Tales movimientos podrían habernos convertido en
seres tan sucios y retorcidos como ellos… No. En definitivo no podía aceptarlo.
En este mundo los perros cazarán a otros perros y se los comerán para no ser
comidos y yo estaba seguro de que no sería el que acabaría en el estomago de
alguien más. A pesar de estar nuevamente al borde de lo desconocido, la
constante brisa del destino nos estaba llevando sobre su nave en la dirección
correcta, capitaneada ahora por la enigmática, exótica y esbelta figura
oriental de Fei Tzung.
El viento sacudía
suavemente su negra cabellera, misma que al ondear parecía fusionarse con la
noche, solo siendo distinguible por el contorno de la luz de las estrellas. Un
perenne semblante de seguridad acampaba en su rostro, que como si fuera una
especie de narcótico entraba a nuestros cuerpos tranquilizándonos de una forma extraña, muy parecida a la que podría darse al
tomar un trago adulterado en un bar desconocido. Nos había salvado la vida, mas
no significaba que debíamos confiar plenamente en ella.
El sirviente oriental
manejaba el globo con una destreza única, manteniendo el artefacto en un curso
constante y recto hacia la costa. Viéndonos en una situación de total
desventaja, decidí cortar la aparente alegría del paseo y preguntar a nuestra
anfitriona acerca de nuestro destino.
—Señorita. Tzung,
Primero que nada; quiero agradecerle por habernos sacado de la situación tan
calurosa en la que nos encontrábamos.
—No hay nada que
agradecer, Duque. Fue un honor poder serle de ayuda a usted y a las damas que
le acompañan—respondió con una sonrisa leve.
—Ahora espero que no se
vaya a ofender por el modo en el que diré lo siguiente: quisiera saber cómo fue
que nos encontró, nos rescató y no menos importante: ¿Por qué lo hizo?
—Pierda cuidado, Duque.
No he de ofenderme porque supuse que en algún momento me haría ese tipo de
preguntas. En vista de ello voy a contestarle… Tal vez no lo haya notado, pero
mucha gente se enteró de lo que le sucedió a su nave, a su tripulación y sobre
todo a su padre. Lo que si era un misterio era si usted había sobrevivido al
asalto, pero muchos comentaron que les pareció haberlo visto en diversos
lugares durante las últimas semanas, lo cual fue creándole una suerte de
leyenda urbana. Muchos decían que es un fantasma; un alma en pena que ronda los
puertos en busca de su nave perdida.
Lady Hikari y Madame
Ivanna le miraban con mucha atención, mas yo le miraba con la expresión
impaciente de que tal charla no estaba cubriendo mis dudas.
—Pero están los que
creemos que vivimos en un mundo moderno, donde los fantasmas y almas en pena son
cosas que no ocupan la mente de un científico serio, usted disculpe si sueno
algo ruda; madame—dijo volteando a ver a la dama.
—Pierda cuidado,
señorita.
—En vista de ello
comenzamos a seguirle la pista y prestando mucha atención nos enteramos que la última
vez que había sido visto había sido aquí, en Italia. También supimos de Madame
DalFavro al introducirnos entre las filas de la gente que incendió la casa. En
resumidas cuentas, lo hice porque sé donde está su nave y estoy con la gente
que quiere que usted la recupere.
Podría pensarse que ante
tal afirmación yo me mostraría escéptico, pero para mi propia sorpresa había
sido todo lo contrario. Algo en su voz que decía que no estaba mintiéndome.
—Dígame, ¿Donde está el Reina Alicia?—pregunté con escepticismo.
—Está desde hace
aproximadamente semana y media en el cuartel general de los Archi Mecánicos, en
un apartado castillo en medio de los negros bosques del ducado de Mecklenburgo-
Strelitz, en Prusia.
Al escuchar esto, Madame
Ivanna tuvo un profundo presentimiento que la dejó sin aire. Lady Hikari
reaccionó enseguida ante el tambaleo de la mística.
— ¿Está bien, Ivanna - Sama?—preguntó sosteniéndola.
—Si… No se preocupe milady…
Estoy bien… Solo estoy un poco mareada.
Algo le habían susurrado
los espíritus al oído sin necesidad usar las palabras, dándole a entender que
algo le aguardaba en especial a ella. No podía saber de qué se trataba, pero un
profundo sentimiento de inquietud, incertidumbre y espanto se había alojado en
su interior.
—Perfecto…Puedo suponer
que esto no lo hace por “mero altruismo”—dije cruzándome de brazos y mirándole.
—No le culpo por ser tan
desconfiado—agregó mirándome sin mayor emoción—. La verdad las circunstancias
no han sido las mejores para usted, así que no puedo pedirle que confié en mi.
La facción de los Archi Mecánicos es un peligro para el mundo entero. Ellos han
acumulado una enorme cantidad de conocimiento y desarrollo tecnológico,
prácticamente están adelantados unos veinte años por delante de la nación mejor
armada en la actualidad. Lo que vio hoy solo fue una minúscula parte de la
“esquina de la pintura.” El cuadro completo es espeluznante. Ellos pretenden
capturar y acaparar todo avance armamentístico posible con el plan de
convertirse en la mayor potencia paramilitar de la historia. Siendo así,
venderán armas al mejor postor y esta podrá someter a otras naciones sin
resistencia alguna. Imagine un poco, Duque: una flota completa de “Reinas Alicia” sobrevolando los cielos y
despedazando cual molino las indefensas y obsoletas flotas armadas actuales
mientras siembran de bombas las ciudades debajo. Ejércitos de miles diezmados
al no tener efecto posible con sus fusiles de unos cuantos tiros ante estos
rifles de más de treinta disparos… Y eso que no he mencionado el sinnúmero de
otros artefactos que tienen en ese castillo. Estoy muy segura que ninguna
nación podrá resistírseles si de deciden a atacar a alguna en los próximos
meses.
Oír tan parca
descripción había hecho volar mi imaginación por instantes y me había hecho revolver
la mirada en espanto.
—Comprendo su punto y
estoy satisfecho con lo que me ha dicho—comenté relajando mi postura—. Ahora me
gustaría que compartiera sus planes. Usted sabe la ubicación exacta y es la
única que debe conocer como entrar.
—Primero que nada
buscaremos refugio por unos días del otro lado del mediterráneo. Por la cara
que vi que pusieron cuando vieron estas armas, se que lo primero que debo hacer
es instruirles al respecto de lo que he visto en esos cuarteles, para que sepan
cómo enfrentarlos y no sean presa de la sorpresa. Ellos no pelean con los
métodos actuales. Las trincheras y las caballerías son cosas obsoletas y la
honorabilidad del combate se transformó en eficiencia y letalidad de
movimientos rápidos. Su idea básica es abatir a su enemigo antes de que
siquiera piense en reaccionar.
En poco tiempo la tierra
desapareció debajo de nuestros pies y el mar se convirtió en nuestro piso
visible. El mediterráneo se expandió ante nuestros ojos, permitiéndonos ver la
calma de sus aguas por el reflejo de la luna. Lady Hikari se había acurrucado
en el regazo de Madame Ivanna, durmiendo plácidamente como tenia acostumbrado,
mientras esta ultima permanecía pensativa sentada en el piso de la canasta. Yo
observaba hacia el horizonte, sumergido en mis pensamientos habituales durante
lo que mostraba ser una más de mis noches de insomnio. Miraba hacia la
inmensidad del horizonte cuando de repente y sin desearlo, me encontré
sumergido en aquel mundo que me había descrito tan fugazmente la misteriosa Fei
Tzung.
En primera instancia
pude ver a las copias del Reina Alicia
navegando por el azul del cielo. En la tierra, las gentes observaban atónitas
la mortal majestuosidad con que estas navegaban. Del otro lado del cielo venían
naves de combate convencionales, dispuestas a enfrentarles. Al estar muy cerca,
pude ver el terror que sentían los defensores al ver las poderosas
ametralladoras Maxim asomadas en los
flancos de las naves, que junto con los cañones y los morteros empezaban a
soltar sus cargas acribillando y destruyendo los cascos y los puentes de una forma tan abrumadora que terminaban
uniendo los escombros con la carne y los huesos de sus desafortunados
tripulantes, mismos que se desplomaban en uno solo hacia el suelo. Sin más
obstáculos que eliminar, las naves avanzaban raudas hacia la ciudad. Libres de
toda resistencia, una serie de escotillas se abrían de la parte baja de los
cascos y una serie de pesados y contundentes proyectiles se desprendían como
almendras desde la copa, impactando y sumergiendo en sendas llamaradas que se
alzaban desintegrando todo a su paso.
En la tierra, miles de
soldados dispuestos en pelotones iban marchando con aquellas frenéticas armas
entre sus manos y delante de ellos los lanzadores de fuego, dispuestos a apartar
el camino. Lo que vi a continuación no sé cómo describirlo. Delante de estos
últimos se movían lo que parecían ser enormes barcos terrestres, más parecidos
a un casco sin velas con una suerte de torreta coronada por un cañón. Se
arrastraban por la tierra con algo que aparentaban ser correas transportadoras
en sus extremos, que los hacían avanzar sobre los agujeros de las bombas y los
ardientes escombros de la ciudad recién arrasada por los navíos. Las golpeadas
y sobrevivientes caballerías se lanzaban hacia ellos tocando sus trompetas y
ondeando sus vistosas banderas, intentando mostrar que no estaban tan mal como
la ciudad. Entonces una interminable ráfaga de balas y disparos de cañón era
despedido de los costados y el frente de estas enormes bestias de metal,
cayendo sobre ellos como una copiosa lluvia, haciéndolos desaparecer en medio
de una nube de humo, polvo y gritos de dolor.
Tal visión me despertó
muy sobresaltado en el piso de la canasta, donde me hallé sentado en una
esquina. El cielo estaba tenuemente iluminado, destellando en un baño de
naranjas y amarillos. Fei Tzung observaba hacia el horizonte a través de un
áureo catalejo desde el borde de la canasta junto a Madame Ivanna. Al escuchar
el traqueteo de mis huesos entumidos por la inusual posición en la que dormí no
pudo ignorar más mi presencia.
—Buenos días, Duque
Bastian.
—Buenos días, Señorita.
Tzung… Buenos días, Madame Ivanna.
—Ha despertado justo a
tiempo, Duque. Ya estamos por llegar a nuestro destino.
— ¿Nuestro destino?—pregunté
intrigado mientras me puse de pie y me acerqué al borde de la canasta.
—Bienvenido a Tunisia,
Duque—dijo la oriental mirándome.
La costa del país se fue
dibujando ante mis ojos, contrastada por el azul del mar y el verdor de la
tierra. A pesar de haber viajado por muchas partes del mundo, jamás había
visitado Túnez. El viento seguía guiándonos con su característica constancia,
mientras Lady Hikari se había hecho con astucia con los controles del globo.
Ella lo manejaba con una mayor destreza que el oriental, quien observaba
atónito como la chica había podido dominar tan rápido el control. Lo que a
él seguro le había tomado años dominar,
ella lo había conseguido aprender en unas cuantas horas y solo mirando.
Abandonamos la costa y
nos fuimos adentrando al territorio. Sobrevolamos con sigilo las ciudades,
contemplando las intrincadas y pobladas calles, las majestuosas mezquitas y la
sobria altura de sus minaretes, desde donde se entonan puntual la llamada a
oración o adhan. Vastos campos de
cultivo aparecieron en nuestro camino, irrigados por sinuosos canales de agua
cristalina que reflejaban la potente luz del sol hacia nosotros.
Fei Tzung volteó y dictó
unas instrucciones en su lengua al oriental. Este obedeció enseguida dándole
con respeto a Lady Hikari las instrucciones recibidas. Muy concentrada, comenzó
a tirar y a empujar una serie de palancas y cuerdas en un coordinado y ágil
movimiento de manos. Fuimos descendiendo suave y de forma progresiva en medio
de una arboleda de arboles de olivos y dátiles. Ya cerca del suelo, las bolsas
de lastre bajaron haciendo contacto con el suelo. El sirviente bajó ágilmente
de la canasta y aseguró el globo atando las sogas en unos arneses de metal
incrustados en unas rocas, permitiéndonos descender.
—Bienvenidos a Túnez,
damas y caballeros—agregó la dama oriental con una sonrisa—. Les agradecería
tomar sus cosas y seguirnos, el refugio está muy cerca de aquí.
El sirviente tomó las
maletas de Madame Ivanna y Lady Hikari, mientras yo tome la mía y amarré el
bastón a mi espalda. Después de lo que había visto que era capaz de hacer, no
me parecía correcto llevarlo por ahí como si fuera un mero artilugio de
estética. Caminamos siguiendo a la beldad oriental por un amplio y limpio
sendero a través de los arboles, mientras una suave briza mañanera sacudía las
hojas. El camino estaba bien cuidado, mas no parecía que fuera un lugar de mas
transito que el necesario. Por lo visto estábamos en una especie de plantación.
Luego de varios minutos
de solo ver arboles y el azul del cielo, nos detuvimos. Fei Tzung observó
durante unos minutos a los alrededores y luego nos miró.
—Síganme por aquí, por
favor.
Nos salimos del camino y
nos metimos entre unos arbustos. Los atravesamos durante unos minutos y
logramos llegar a un claro donde se hallaba una enorme roca rectangular, cuya
parte trasera estaba incrustada en un pronunciado montículo de tierra y rocas.
Palpó la parte que era visible hacia nosotros y con la palma de su mano derecha
empujó un pequeño sector, mismo que se hundió suavemente. Hecho esto, en la
roca se fue dibujando unos márgenes con suma rapidez hasta formar una puerta. A
continuación esta se hundió y se replegó hacia la izquierda, dándonos paso
hacia un oscuro sendero.
—Pasen adelante.
Muy obedientes accedimos
a la gruta. Ella se quedó al último y tocó otro sector de la roca, indicándole
a esta ahora que debía retraerse y volver a su estado original cerrándose tras
nosotros. Luego de unírsenos en la marcha, nos fuimos introduciendo por el
oscuro callejón, que a medida que avanzábamos se iba iluminando gracias a una
serie de bombillas colocadas en la esquina donde se unía el techo y las
paredes. Las mismas estaban labradas en
roca maciza y su altura era suficiente como para que pudiéramos caminar
erguidos con suma holgura.
Momentos después
llegamos al final del camino, mismo que era una pared maciza. Fei Tzung fue
hacia ella y realizó un procedimiento similar al que había hecho del otro lado
del túnel. Esta vez la puerta se hundió en el piso, dándonos pasó a lo que
parecía ser un sótano, bastante similar al de la casa de Madame Ivanna. Una vez
la puerta se cerró tras nosotros, las luces se encendieron dejándonos ver a un
sorpresivo comité de bienvenida.
Frente a nosotros
estaban alineados una serie de hombres armados con esos intimidantes fusiles de
asalto, apuntándonos. Vestían de azul oscuro y negro, bien armados, muy similar
a los asaltantes de la casa. Sus rostros estaban cubiertos por mascaras de
cuero con respirador y sobre sus ojos llevaban unos llamativos googles de aviador con cristales color
verde, a través del cual era poco distinguible las formas de sus ojos.
Nosotros estábamos
sorprendidos y asustados ante la ineludible visión, a diferencia de Fei Tzung,
quien permaneció en total calma a pesar de ser la única con la tecnología
disponible para hacerles frente ante su superioridad numérica. Yo aguardaba con
la mano cerca de mi pistola, esperando a ver qué sería lo que iba a suceder a
continuación.
Continuará...

No hay comentarios:
Publicar un comentario