Buenos Días Tardes/Noches. El año avanza raudo y ya estamos en la segunda semana del mes de marzo. No obstante era nuestro deber para ustedes, estimados lectores; continuar a pesar de todo con el emocionante relato protagonizado por Bastian Mercado de Labarca, el Duque Pirata. En el Capitulo anterior hizo su entrada un nuevo personaje, Lady Caterina Gatto Cacciatore, quien ahora es nada mas y nada menos que la prometida del Duque, quien al saber sobre la naturaleza de su anfitriona ha quedado mas frío que una caldera sin carbón A pesar de todo esto, la carrera para recuperar al Reina Alicia continua... Conoceremos que será lo que se hará? El Duque tomará bien el hecho de que ahora tiene una prometida? Veámoslo a continuación...
El Duque Pirata (Parte VIII)
Caterina de Tunisia (Parte III): ¿Duquesa de
Labarca?
No podía creer lo que
estaba escuchando. Ocultar mi impresión fue tan imposible como lo sería
intentar detener las olas de la marea creciente con castillos de arena hechos
por los niños. Al subir por primera vez al Reina
Alicia en su nueva forma supuse que me esperarían una serie de situaciones
inesperadas, mas mis predeterminaciones se habían quedado minúsculas ante las
cosas que me había tocado vivir durante las últimas semanas.
Su hechizante mirada se
había plantado en mi rostro inmovilizado por la sorpresa, a la vez que una
sonrisa llena de picardía arqueaba el rojo pasión de sus labios. De repente,
una fuerte ventolina se levantó tan potente, que como si su vestido se tratase
de la vela de un navío le impulsó hacia mí a la vez que hacia volar lejos de mi
cabeza el sombrero. En lugar de prestarle atención a este último, como por
instinto atrapé a la vulnerable señorita entre mis brazos. La fuerte briza
amainó tan rápido como apareció, dejándonos prestarle debida atención la
situación en la que estábamos. Nuestros corazones latían con velocidad mientras
nuestros rostros cambiaban de color a un tono rojizo al vernos tan cerca.
Ella volvió a plantar
sus enigmáticos ojos en los míos por unos segundos, hipnotizándome por
completo. Al verme t a su merced fue estirándose con suavidad, apoyándose en la
punta de sus pies con la grácil destreza de una bailarina de ballet. Su rostro
iba acercándose al mío mientras la pasión expresada en el color de sus labios
me llamaba a ir hacia ellos de una manera irresistible. Mis ojos se fueron
cerrando con lentitud a medida que iba
sintiendo lo entrecortado de su respiración mezclándose con la mía cuando una
fría sensación en mis labios cortó de forma abrupta la pasión del momento. Abrí
los ojos enseguida, encontrándome con que mi boca estaba pegada a una
reluciente hoja de metal, proveniente de un bastón de estoque.
Aun entre mis brazos había
medio desenvainado ágil la resplandeciente lámina, interponiéndola en nuestro
camino de contacto. Yo estaba sorprendido. Sentía como la electricidad que
produce aquel sarcástico sentimiento llamado vergüenza recorría mi cuerpo de
manera intensa. Ella me observaba por encima del filo de la navaja con la
expresión de una gatita luego de haber hecho una travesura, indiferente a que
yo aun la tenía a merced. Al caer en cuenta de esto y viendo lo insostenible de
la situación, le solté con suavidad dejándola posar sus talones sobre el
césped. Envainó con cuidado el filo, guardando el afilado secreto que yacía
dentro aquel magnifico báculo mientras me daba la espalda. Un breve momento de
silencio se hizo presente y al momento volví a escuchar el suave trino de su
voz.
—Si bien es cierto,
Duque Bastian; por la voluntad de mis padres en comunión con los suyos soy su
prometida, mas no significa que soy, de hecho; su novia. Como debe haber
notado, mi corazón late fuerte y como tal es indómito… Antes de siquiera
permitirle posar sus labios sobre los míos, Duque; usted deberá ganarse ese
privilegio con creces.
En aquel momento me
sentía tan aturdido que era como si me hubiera caído de lo alto del cielo y me
hubiera recibido un árbol amortiguando mi caída, pero pagando el precio de
golpearme contra todas y cada una de las ramas.
—Yo soy una dama, Duque
de Labarca—continuó diciendo—.Como tal deberá cortejarme con propiedad si desea
hacerme su esposa. Ahora con su permiso volveré a la casa, necesito descansar…
Le veré luego en la reunión.
Dicho esto, volteó con
suavidad sobre su hombro, plantando sobre mí una vez mas lo cautivante en la
negrura de sus ojos antes de retirarse caminando hacia la casa justo por donde
habíamos venido. Ya no podía verle, pero en su rostro se dibujaba una vez más
aquella característica sonrisa llena de pillería. Si su objetivo había sido
dejarme frio como la piedra, lo había conseguido. Ahí estaba yo, en medio de la
verdura del jardín; inerte como una estatua mientras mi sombrero corría libre
sobre el césped. Si bien es cierto, ella manejaba mucha más información sobre
mí de lo que yo podía imaginar. De lo que si estaba seguro era que en lugar de
reaccionar negándome con rebeldía juvenil ante semejante reto, yo sentía una
ferviente e involuntaria disposición a conquistar aquel indócil corazón que
había podido ver en la profundidad de esos bellos ojos. Ya recuperado de lo
embarazoso de la situación, recobré mi sombrero. Poniéndolo en el lugar y
posición correspondiente sobre mi cabeza, me arreglé el traje, respiré profundo
y decidí volver a la casa como si nada hubiera pasado. Antes de que pudiera dar
el primer paso, mi nombre retumbo en mis oídos.
— ¡Duque Bastian!
Al voltear vi que quien
me llamaba era nada más y nada menos que Madame Ivanna. Al verle aparecer, a mi
mente cayeron como cascada aquel torrente de dudas que he había dejado mi nueva
e inesperada situación de “prometido en matrimonio”.
—Qué bueno es verle, madame.
Necesito que me aclare una serie de dudas que tengo y que es imprescindible que
explique por qué no entiendo nada de lo que está pasando.
La pitonisa, por vez
primera; me observó con una picardía muy similar a la de su hija. Ya me era
evidente a quien le había heredado semejante poder.
—Estabas aquí con
Caterina, ¿Cierto?—preguntó con una sonrisa.
—Así es.
—Te habló sobre el
acuerdo entre tus padres y los suyos. ¿Verdad?—preguntó cruzándose de brazos.
—En efecto...
—Tranquilo Duque. Voy a
aclarar sus dudas… Primero que nada lo que le ha dicho Caterina es verdad. Tus
padres y nosotros dada nuestra gran amistad decidimos unir la familia a través
de ustedes dos haciendo un acuerdo matrimonial cuando eran niños. Lo hicimos de
manera verbal y según me contó ella el día de hoy, su padre se lo hizo saber en
una de las últimas cartas que le hizo llegar antes de desaparecer.
—Cuando besé su mano en
el momento que usted me la presentó, pude ver en el interior de aquella piedra
el mismo logo que estaba grabada en la cubierta de aquel gran libro que nos
mostró allá en Italia.
—Ese anillo es indicativo
de que ella es un Mecánico—dijo mirándome fijamente—. Como seguro está
pensando, Caterina pertenece a la logia.
Mi reacción de sorpresa
no se hizo esperar.
—Los mecánicos suelen
heredar a sus descendientes la membrecía a la logia. Ella como tal fue
entrenada y posee amplios conocimientos, mismos que está dispuesta a aplicar a
nuestro favor dado la situación actual de cisma dentro de la organización. Ella
estuvo al tanto de usted desde que se corrió la noticia del robo del Reina Alicia y no escatimó en esfuerzos
para hallarle. Lo que si no estaba dentro de sus pensamientos fue el hecho que
al encontrarle también me hallaría a mí.
—Entiendo.
—En fin, si le preocupa
el hecho del acuerdo matrimonial, no es algo que este escrito en piedra… Si no
quiere casarse con mi hija no hay ningún inconveniente, al menos para mí.
—Al contrario, madame.
Tal acuerdo no me representa problema alguno—comenté dando unos pasos adelante
y consultando mi reloj de bolsillo.
Ajusté bien el sombrero
a mi cabeza y observé sonriente sobre mi hombro a la pitonisa, quien contestó a
mis palabras con una sonrisa y un rostro pintado de una expresión de alivio.
— ¿Me permitiría
acompañarla de vuelta a casa, madame?
—Será un placer, Duque.
Le ofrecí el brazo y ella
aceptó con gusto y sin más nos dirigimos de vuelta a la casa.
Una hora más tarde
estábamos bajando hacia aquel sótano a través del ascensor. Allí nos aguardaba
una mesa de forma rectangular con cuatro sillas. Frente a ella estaba un amplio
telón blanco, muy similar a los tableros en las aulas de la universidad. Entre
nuestra mesa y el telón había otra mesa aun más amplia, pero con algo cubierto
sobre ella por telas de color blanco. Nos sentamos quedando Lady Caterina a mi
derecha y Madame Ivanna a mi izquierda. A la izquierda de ella estaba sentada
Lady Hikari.
Fei Tzung hizo su
entrada a la clase vestida con un entallado traje blanco de corte oriental y
adornos dorados, con su cabello recogido en una trenza hacia un lado. Sin más
preámbulo dio inicio a la reunión.
—Bienvenidos sean
ustedes a esta primera clase de entrenamiento en lo que yo llamo “comando de
fuerzas especiales”. Empezaremos la exposición en seguida, no sin antes
agradecer a la patrocinadora de esta operación que no es otra que nuestra
querida colaboradora, Lady Caterina.
Ella nos observó a cada
uno con una sonrisa de bienvenida mientras aplaudíamos gentilmente.
—Como todos aquí saben
mi nombre es Fei Tzung. A partir de este momento los llevaré de paseo hacia lo
último en la tecnología bélica actual, misma que aun es un verdadero misterio y
un mito para la sociedad presente. Pero el asunto principal que nos reúne aquí
es la recuperación del la nave conocida como el “Reina Alicia”, propiedad de el noble Duque de Labarca, aquí
presente... Empecemos.
Aplaudió y un rayo de
luz apareció desde atrás de nosotros. Algo parecido a un diafragma se abrió en
la pantalla mostrando una imagen de la nave que parecía ser del día en que
había salido del astillero. Según recordaba, el Reina Alicia no era un navío reciente. Solía ser el favorito de mi
padre por su maniobrabilidad, en especial por la manera tan temeraria a la que
se dejaba llevar durante las más fieras tormentas durante sus largos viajes.
—Esta nave fue botada en
el año 1856 como la número treinta al servicio de la Naviera Labarca y hasta hace dos años fue su buque insignia. Hasta
este momento había servido como transporte de mercancía y pasajeros alrededor
del mundo. De forma lamentable desde hace unos quince años hasta la actualidad
los cielos del globo se han convertido en un lugar muy salvaje debido a la
presencia de los denominados “Piratas Aéreos”, que no son más que criminales
que quieren ganarse el viejo titular que llevaban los forajidos del mar durante
la era de los descubrimientos. Con el ideal de hacer de Vigilante, el Duque de Labarca padre modificó el Reina Alicia, convirtiendo este ágil
vapor de cuarenta metros de eslora en un acorazado mecanizado, armado con una
serie de armas semi automáticas, morteros y cañones lo bastante sofisticados
para recargarse solos y propinar un severo daño a cualquier navío que se
atreviera a enfrentársele basándose en la letalidad de un ataque intenso y
veloz.
A medida que iba
hablando iban cambiando las imágenes. Mostraba fotografías del interior de la
nave, los compartimentos de cubierta y manga que escondían las armas, adicional
a detalles que me hizo muchísima sorpresa ver tan bien documentados.
—Su éxito fue abrumador,
tanto que logró eliminar un sesenta por ciento de las empresas piratas cuyo
rango de acción iba desde el océano indico hasta el mar del diablo en las costas
de Japón. Fue emboscada hace unas semanas por el clan Pirata de los Cavaldi,
conocidos por ser el terror del adriático.
Ver la confirmación de
mis sospechas iniciales a cerca de los autores del infame secuestro me llenó de
cierta satisfacción, a pesar de lo que le había sucedido a la tripulación y
sobre todo, a mi padre.
—Ellos hurtaron la nave.
Pero unos días después haber perpetrado este acto fue emboscado por un grupo
armado hasta ahora desconocido cuando sobrevolaban las aguas del mar negro.
Según cuenta a través de este audio el ahora fallecido criminal y líder
Fabrizzio Cavaldi, único sobreviviente registrado de aquel asalto, las cosas
fueron de la siguiente forma. Hagan correr el fonograbado, por favor.
El chirrido de una aguja
de fonógrafo sobre un disco se escuchó al fondo, dando inicio a una grabación.
Una voz muy familiar inició una especie de interrogatorio hacia el difunto.
—Cuéntame, Cavaldi. ¿Qué
fue lo que sucedió?
—No se—dijo el pirata,
notándose aturdido—…Se nos aparecieron de la nada, como fantasmas. De la nada…
Mis muchachos yacían en el suelo ahogándose en su propia sangre… Con las
gargantas… Las gargantas abiertas de un extremo al otro. Cuando intentamos
defendernos fuimos… Fuimos acribillados por las balas, pero no por una o dos,
sino por decenas de ellas… Era como oír el estallido de los petardos en las
fiestas del año nuevo chino, pero… Pero en vez de hacernos sonreír nos partían
en dos. Nosotros disparábamos esperando alcanzarles, pero era inútil... Antes
de que pudiéramos cargar ya estábamos con nuestra sangre y tripas en el suelo.
— ¿Qué hay de la
tripulación? ¿Qué paso con el cuerpo original del Reina Alicia?
—Capturamos a la mitad
de ellos en el asalto… La otra mitad fue la que se nos enfrentó y no
sobrevivió.
— ¿Y los Duques? Háblame
de ellos.
—El viejo se enfrentó a
nosotros… El joven escapó saltando desde la cabina hacia el mar… Seguramente ha
de estar muerto, era demasiada altura…
— ¿Y que fue del viejo?
—Él estaba gravemente
herido cuando le capturamos, pero por ordenes de… herido de gravedad y…Vivo, el
estaba vivo… Nuestro medico logró estabilizarlo, pero había perdido mucha
sangre… Él estaba con los demás rehenes de la tripulación cuando nos
asaltaron...
Un fuerte chasquido hizo
tronar nuestros oídos y la grabación se cortó abruptamente luego de esa última
palabra. Yo no cabía en mí de la emoción. No lo podía creer, a pesar de lo
sucedido había una esperanza de que mi padre estuviese vivo. En seguida me puse
de pie con la fuerza con la que se estira un resorte, apoyando mis manos con
fuerza sobre la mesa.
— ¿Hace cuanto fue esta
grabación? ¡Mi padre entonces está vivo!—exclamé con alegría.
La beldad oriental
reaccionó fríamente a mi sobresalto.
—Esto fue hace dos
semanas, Duque. Junto a él encontramos a muchos otros en las orillas del mar
negro, en las costas de la península de Anatolia. Sé que sonará duro para usted
pero yo no guardaría tantas esperanzas de que aun este con vida.
—Usted dice que ha
estado allá donde tienen al Reina…—insistí.
Su escepticismo ante mi
esperanza, en vez de coartarla, la hacía más fuerte. Sentía una profunda
necesidad de hacer salir de sus labios que conocía el paradero de mi padre.
—Así es, Duque. He
estado ahí, pero si bien se que tienen a la mitad de la tripulación cautivos en
unas mazmorras, pero no he podido verlos.
—Pero usted…
Una suave mano se posó
sobre la mía. Al prestar atención a su procedencia, me percaté que era la de
Lady Caterina. Ella me miró a los ojos, enternecida; pero a la vez con una expresión
tranquilizante que cual narcótico fue bajando gradualmente mis ganas de
discutir.
—Por favor, mi Duque… tome
asiento—dijo con suavidad—. Nosotras comprendemos muy bien su situación y la
verdad nos sentimos identificadas con su preocupación, pero de nada servirá si
nos exaltamos y permitimos que nuestros sentimientos sean la guía. Por favor,
tome asiento junto a mí y escuche el resto de lo que la Srta. Tzung tiene
preparado para nosotros.
Mi ataque de desesperación
se fue disipando entre la suavidad de sus palabras. La bestia enardecida de mis
emociones fue neutralizada por la suavidad de su toque y la ternura de su súplica.
Como hipnotizado, volví a mi asiento en silencio.
—Disculpe mi
intromisión, Srta. Tzung. Por favor, continúe con la presentación.
—Gracias, Duque Bastian.
Como les decía, esta grabación fue hace dos semanas. Luego de una profunda
investigación nos dimos cuenta que quienes estaban detrás del asalto y robo del
Reina Alicia no eran otros que la facción
radical de la Archi Mecánicos. Descubrimos que han sido los precursores de una
enorme ola de secuestros, robos y asesinatos alrededor del mundo. Muchos
científicos, políticos y nobles han desaparecido junto con importantes avances
tecnológicos. Ha sido difícil, pero luego de una sufrida investigación logramos
conocer el paradero de una de sus principales guaridas.
La diapositiva mostró
enseguida un mapa de Prusia. Al ir pasando las imágenes podía verse la
geografía del ducado de Mecklemburgo –Strelits. En seguida pudimos conocer la
apariencia del castillo.
—Este es el castillo de
Schwarzschild. Está ubicado en lo alto de una montaña. Fue esculpido en la roca
maciza y su posición lo hace casi inexpugnable. Rodeado por la espesura de la
selva negra, los únicos dos caminos que llegan hasta él están bien
resguardados. Los pueblerinos creen que esta embrujado, así que dada su soledad
se ha convertido en la madriguera perfecta para el Archimaestre y sus
senescales. Si bien es cierto no sabemos cuántos son, pero se ha detectado la
presencia de uno de los más importantes llamado “el Ingeniero”.
La imagen del misterioso
sujeto se plantó en la pantalla. Al fin conocía las facciones de mi enemigo.
Procuré memorizar su apariencia en esos pocos segundos antes de que el
asistente pasara a la siguiente imagen. Madame Ivanna miraba atónita el
retrato.
—El fuego en su casa,
Madame DalFavro—dijo Fei Tzung— Él fue el responsable... Ahora, les mostraré
algo que se que les encantará.
Continuará...

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